El 17 de enero de 1998 nació un niño que vino a cambiar muchas vidas. Hizo de su sordera un medio para comunicarse de mil maneras con la gente. Simpático, alegre, burlón, competitivo, ocurrente, divertido, vanidoso, enojón, en esencia era un joven bondadoso y de retos.

Desde los seis años de edad demostró que no se iba a quedar sentado esperando que lo sacaran a pasear o a jugar -mientras sus padres se ponían de acuerdo- caminó él solo las diez cuadras que separaban su casa de la escuela cruzando varias calles acompañado por su entusiasmo. Lo mismo participó en pruebas de atletismo -cada año ganó medallas representando a su primaria en carreras de velocidad y lanzamiento de pelota-. Pero su pasión siempre fue el futbol, creció teniendo siempre un balón cerca.
Ya viviendo con su abuela y su padre en la casa de campo, se escapaba para recorrer en bicicleta la distancia a Canticas -cruzaba la carretera-, por lo que la bici le fue decomisada y casi amarrado a la pata de la cama. Pero insistía en salir, caminar, conocer.

Pasó el tiempo, cursó la secundaria en Canticas. Crecieron los amigos, las amigas, las reuniones, la novia… Los 16 años lo hicieron más seguro; viajaba en urbano o en taxi sin ningún problema por la ciudad. Le gustaba llegar de sorpresa a vernos. Alguna vez se fue con su palomilla al malecón durante el Carnaval. A la abuela casi le da un infarto cuando presumió que se había tomado media cerveza.
Félix era fanático del Cruz Azul -portaba con orgullo la playera-, festejaba los triunfos y disfrutaba las derrotas americanistas. Su padre lo inscribió en un equipo. Sin duda, eran muchas las personas en Canticas que conocían a Félix, el amigo, el que no se dejaba, el que alguna vez llegó con el ojo moro por apoyar a los cuates. Por otro lado, iniciaban las diferencias con la autoridad en casa, quería mayor independencia.
Terminó la secundaria y con ella la pubertad para iniciar el viaje a la juventud. Asistió al CETMAR, en el bachillerato se dio a conocer rápidamente. Al principio lo llevaban en carro atravesando todo Coatzacoalcos de poniente a oriente; después propuso irse solo. Tenía que salir 6:30 am de la casa para tomar dos urbanos y entrar a las ocho en punto; su padre solo lo acompañaba a la parada del transporte. Terminó un año en esa institución.

El domingo 23 de agosto en la tarde, fue al entrenamiento del equipo; volvió a su casa y ahí nos encontró en el taller desbaratando un mini split, estuvimos los tres, Mario, Félix y yo. Él con sus típicas bromas, contándonos a su manera lo que había hecho; a su primo le mostraba fotos de chavitas en el celular; como siempre, sacaba alguna ocurrencia. Nos contó que el próximo enero cumpliría 18 años y que quería ya tener su INE para poder votar. Nos fuimos como a las 6:00 pm, temprano porque al otro día iniciaban las clases del nuevo ciclo. Por los mensajes que después leímos -y por las personas con las que pudimos platicar-, calculamos que salió de la casa como a las 7:00 pm –la propiedad es amplia, ni su padre ni el tío Beto lo vieron-.
Hoy sabemos que una hora después regresaba de Canticas. Caminó como siempre viendo de frente a los autos, iba por el acotamiento en su parte más amplia porque a escasos treinta metros está el acceso al aeropuerto…fue entonces que sobrevino el fatal accidente… la que suponemos una camioneta (porque el golpe lo recibió en el pecho) invadió el acotamiento y lo sorprendió… no escuchó el motor, el claxon, algún rechinido… lo sorprendió… ¿el tipo perdió el control del auto en la curva por exceso de velocidad; iba tomado; el carro tuvo alguna falla mecánica?… Nunca lo sabremos. Pero lo sorprendió… y lo arrancó de tajo de nuestras vidas…
…
… la noche fue muy larga; miles de ideas y supuestos en la mente; tomar decisiones; lo más difícil, comunicarle a la familia, Elo estaba en Guadalajara con Mary; reunir documentos, ir a Cosoleacaque, el MP, el forense, trámites y más papeles. Pasaron las horas de la noche sin sueño, sin hambre, sin sed… amaneció cuando regresábamos a Coatza, había que prepararlo todo…
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… la sala de velación que Maru se apresuró a buscar con el apoyo del abuelo Gilberto, se veía enorme por las pocas personas que estaban ahí la mañana del lunes; al medio día llegó más gente, y en la noche apenas era suficiente el lugar. Como a las once de la noche yo volteaba para todos lados, no conocía a la gran mayoría de las personas que estaban presentes -muchos jóvenes-; eran sus amigos, sus compañeros, sus maestras, sus novias -porque dos jovencitas se presentaron como tal con la familia-. Todos fueron a ver a mi sobrino Félix, porque se ganó un lugar en la comunidad, un lugar que él forjó con su esfuerzo.
Llegaron familiares de Cuernavaca y la cd. de México. Cada uno demostrando su solidaridad con mi madre y mi hermano Ulises. Gracias.
Después los contrastes. TV Olmeca -canal regional- sacó una bonita reseña sobre Félix Ulises Peláez Barrientos y su actividad deportiva; mientras que para el periódico fue solo el atropellado, en fin, cada quien habla lo que sabe.
Apenas han pasado cinco días del fallecimiento de Félix Ulises. Y necesitaremos mucho más para recordar -sin tanto dolor-, su sonrisa, su solidaridad, sus desplantes, su gusto por la vida, sus enojos cuando lo enviaban a un quehacer hogareño, su risa burlona si iba ganando y su risa retorcida si iba perdiendo. Pero -sobre todo- sus inmensas ganas de ser y de vivir. Sin duda deja un hueco, imposible de llenar.

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